sábado, 11 de diciembre de 2010

colima y monterrey

5 comentarios:

  1. ¡Me encantó! Uno debe dejar de quejarse y mejor mostrar evidencias de lo que está mal hecho, acompañarlas de propuestas de cómo se podría hacer, etc.

    Precisamente ayer estaba pensando que yo también cada vez que ando en la calle me la paso pensando en cómo mejorarían las cosas si se modificara el sentido de tal o cual calle, si se hiciera un pequeño puente que conectara A y B, si los conductores tomáramos en serio al gobierno y actuáramos como si una infracción fuera algo además de inescapable, relevante. Creo que en mi caso no pienso tanto en la responsabilidad del gobierno, aunque sí, en efecto, hasta el ciudadano más desordenado y valemadrista modifica su conducta cuando se siente indefenso ante la aplicación de la ley, basta ver a cualquier chilango de visita en EEUU: hasta hacen bolita la basura y la cargan hasta encontrar un bote. Pero, decía, yo más bien siempre pienso en el círculo vicioso que se crea cuando un conductor actúa con la filosofía de "que se jodan", creando más caos vial y descontento, y de alguna extraña forma dándole permiso a los demás conductores para comportarse de una forma igual de egoísta y retadora. Manejar Conviviendo está en el lugar 514 de la escala de valores de nuestra gente, debajo de Traer los zapatos limpios y No señalar con el dedo. Porque no sólo es un asunto de ser práctico y circular intentando minimizar al máximo la posibilidad de chocar o ser chocado: es simplemente pensar en los demás, en qué cosa puedo hacer yo para que el de atrás no se quede atorado si doy vuelta en una bocacalle, es aplacar aunque sea un milímetro ese instinto de Ni Madres Que Me Rebasas.

    Ash, pero bueno, creo que se nota que es una obsesión muy personal. ¿Qué razones filosóficas y/o prácticas tienes tú para la tuya con los PPPs?

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  2. Darío,

    No creo que uno jamás deba dejar de quejarse. Al contrario, las personas como tú y como yo que andamos en la calle pensando cómo mejorarían las cosas si se cambiara éste o aquél detalle, nos estamos quejando. Y también creo que carecer de propuestas o evidencias concretas no te quita el derecho a quejarte. De hecho ése es uno de los motivos principales del blog: sostengo que muchísima gente no sabe cómo quejarse, no sabe mostrar las evidencias y no sabe qué proponer justamente porque vive rodeada, toda esa gente, de cosas que no funcionan. Con tantas cosas mal puestas hay un switch en la facultad del juicio que empieza a tener cortos circuitos: una vez sí, otra vez no. Si el juicio funciona a veces sí y a veces no, no funciona nunca. No sólo los pasos peatonales no funcionan, el mismo razonamiento deja de funcionar y restringe la posibilidad de proponer, que es de lo que tú hablas.

    Mucha gente piensa como tú: hay que dejar de quejarnos y proponer. Lo que yo pienso es que la cosa es al revés: hay pocas propuestas precisamente porque hay demasiadas cosas de qué quejarse.

    En otra cosa no coincido contigo. Los clichés toman su lugar y se apoderan, una vez más, de nuestra capacidad para proponer cambios funcionales y exigir nuestros derechos. Todo mundo dice "hasta el más valemadrista cruza la frontera y empieza a actuar bien", ¡mentira! Hasta el más educado y correcto ciudadano del Distrito Federal actúa mal en países donde se respetan las reglas de tránsito simplemente porque no las conoce. El ciudadano que te imaginas hará bolita la basura para tirarla en el bote porque (1) hay botes de basura y (2) te multan si no lo haces. Pero te aseguro que no detendrá el coche si ve un camión escolar estacionado con las luces rojas encendidas en el carril contrario. Y debe de hacerlo, por ley. (Por la ley gringa). Pero no lo hace porque no conoce la ley. Ni siquiera conoce la ley de su país. Es mentira que aquí actuemos mal por voluntad.

    No, no es una cuestión de voluntad. Casi estoy apostando toda la piedra de toque de la verdad de lo que digo (cuando digo que el orden del tránsito afecta directamente a la seguridad y a la educación) al decir que no depende de la voluntad, que dejemos de culparnos, que dejemos ese maldito látigo que sólo nos hunde más. !! No depende de la voluntad: el conductor siempre verá por sí mismo. Si estamos esperando que el conductor vea por los demás, estamos tirándole piedras al vacío, estamos perdiendo desde el principio. Ninguna regla de tráfico modificará esa naturaleza humana. Lo que tenemos que hacer es acomodar las cosas para que el conductor sepa cuál es la manera más fácil de hacer las cosas bien para él.

    Contrario a la creencia común, es la moral humana y bondadosa que nos enseñaron desde chiquitos la que nos está jodiendo la facultad de juzgar. Y ése es el motivo/objetivo filosófico de mi obsesión (práctica) con los putos pasos peatonales. Medios, les llamaba Hegel.

    Un honor que seas el primer comentarista y espero que te haya convencido.

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  3. Me parece genial. ¡Coincido completamente!

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  4. Ejemplos que apuntalan la tesis de ao:

    1. Mi impresionante y muy relevante muestra de 6 latinoamericanos recién llegados a San Francisco, que se quejan (ruidósamente) de que en las esquinas con letrero de "STOP" sea obligatorio detenerse. Y sólo comenzaron a respetar la norma después de la multa de como trescientos dolares que le pusieron a uno de ellos.

    2. Nadie (para definiciones retóricamente correctas de "nadie") se da la vuelta a la izquierda sobre Insurgentes.

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  5. La voluntad depende del orden simbólico que la rodea.

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